Pedimos terminar con la destrucción del patrimonio natural

Pedimos terminar con la destrucción del patrimonio natural

En los últimos años Rafaela no dejó de perder árboles históricos, depredados en diferentes puntos de la ciudad.

Eucaliptus del cruce de la variante de la RN34 y la RP70 los que primero y en gran número se liquidaron, para hacer una curva que podría haberse adaptado a la ubicación de los ejemplares centenarios.

En el verano anterior, otros dos fueron talados en un camino rural, para que una línea de electricidad no altere la mano por la que venía siendo extendida, en el límite con Bella Italia.

Ahora, con la construcción de uno de los estadios para los Juegos Odesur, casi una decena de eucaliptus fueron aserrados en unas horas, para que la obra pública luzca en todo su potencial. Un evento deportivo de tal magnitud es una buena noticia para la ciudad y un progreso para la región, pero una acción no debe ir en detrimento de otra, menos aún de la naturaleza.

El triste hallazgo lo hizo un productor agropecuario que trabaja en la forestación de su campo hace años, que ve como sus colegas de Rafaela ya invierten en la doble cortina forestal -que con gran apuro exige la Municipalidad para los campos del contorno de la ciudad- aunque muchos de los nuevos árboles sean robados después de ser plantados.

Existe un criterio diverso para atender las necesidades de los vecinos. Mientras a viva voz se señala a quienes han forestado la pampa húmeda donde estamos viviendo, a quienes lo siguen haciendo para la mejora del ambiente, para el bienestar animal y humano, en silencio se dispone del arbolado urbano y rural según convenga políticamente, acción que es penalizada para los ciudadanos comunes.

Los estados tienen la potestad de deforestar a gusto, en nombre de la obra pública, de apertura de nuevos loteos, sin justificación, sin planificación. Pero no se contempla la reposición de cada uno de los ejemplares que se liquidan.

Seguramente ahora que lo exponemos, se presentará un plan para resolver una acción que llevará décadas enmendar, aunque ya sea tarde.

El sector agropecuario trabaja cada día para producir más y mejores alimentos, para aplicar a todas las exigencias nacionales e internacionales de inocuidad, sobre todo con el ambiente, pero no podemos dar esa pelea -que es tan observada- si son los propios gobiernos los que incumplen con la tarea fundamental de velar por el patrimonio natural.

Por supuesto que siendo ellos mismos los que se deben controlar, es más fácil el libre albedrío, a pesar del perjuicio de todos.

Con el crimen consumado, pedimos desde la Sociedad Rural de Rafaela saber las motivaciones, las razones de la falta de planificación y alternativas, pero sobre todo que no tengamos que reiterar este reclamo, que los estados dejen de atentar contra el patrimonio natural sin miramientos.