El salario en Juan B. Justo
En medio de la actual discusión sobre la reforma laboral que se quiere imponer desde la clase dominante, es interesante recordar cuál era la opinión sobre el salario y la fuerza de trabajo del fundador del socialismo argentino. Javier Milei, en un encuentro con empresarios, sostuvo: “los trabajadores no son pagados por su labor, sino que lo que hacen es comprar pesos con su trabajo”. En las antípodas del liberticida y con bagaje científico, para Juan B. Justo, el salario no es un simple intercambio de monedas por esfuerzo, sino la forma moderna de sujeción que define a nuestra época.
A diferencia del esclavo de la antigüedad, el obrero actual posee una libertad de movimiento que parece otorgarle cierta independencia, pero sigue atado por una cadena invisible: la falta de propiedad sobre los medios de producción. Justo denuncia que la economía burguesa intenta disfrazar esta realidad bajo la máscara de un “contrato libre”, cuando en verdad se trata de una esclavitud atemperada impuesta por la necesidad y el hambre.
En su análisis, distingue con agudeza dos rostros de la misma moneda: el salario nominal, que es el dinero que se posee en la mano, y el salario real, que es el pan y el abrigo que ese dinero puede comprar. La historia nos demuestra que, durante los inicios del capitalismo, el nivel de vida del trabajador fue empujado hacia un abismo de miseria, donde el salario apenas rozaba el mínimo para no morir. Observa con dolor que la mortalidad infantil sube y baja al ritmo de estos pagos monetarios: cuando los salarios caen, la muerte arrebata más vidas en las cunas de los pobres.
Sin embargo, no ve en el salario una ley inmutable de la naturaleza, sino un fenómeno histórico y evolutivo. Apoyándose en las ideas de Carlos Marx, explica que el capitalista se apropia de una plusvalía, un fruto del trabajo que el obrero entrega pero por el cual no recibe equivalente. Pero el trabajador no es una mercancía inerte como el carbón o el hierro; es un ser con aspiraciones morales e históricas que lucha por elevar su nivel de vida más allá de la simple supervivencia física.
Sobre la fuerza de trabajo dice en su conferencia El Socialismo: “La fuerza humana del trabajo es inseparable del hombre, y una sana teoría social no puede confundir el hombre con las cosas, ni con los animales de otra especie, que son las mercancías. La fuerza de trabajo no puede almacenarse: su falta de empleo es la muerte del que no trabaja porque no puede o del que trabaja demasiado para que otros vivan sin trabajar. En este sentido, la fuerza de trabajo es más despreciada y malgastada que la más vil de las mercancías”.
Carlos Marx, en su notable Salario, precio y ganancia, dice sobre su valor en el mercado: ¿Qué es, pues, el valor de la fuerza de trabajo? Al igual que el de toda otra mercancía, este valor se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su producción. La fuerza de trabajo de un hombre existe, pura y exclusivamente, en su individualidad viva”. Y agrega más adelante:”Sobre la base del sistema del salario, el valor de la fuerza de trabajo se fija lo mismo que el de otra mercancía cualquiera…”.
Juan B. Justo en su folleto Precios y salarios, estudia la relación entre el costo de la vida y el ingreso de los que solo tienen su fuerza de trabajo para subsistir. Y en su libro Teoría y Práctica de la Historia, analiza la relación entre el salario y el valor producido por el trabajador: “El salario, o precio de la mercancía fuerza humana de trabajo, debe tender entonces a confundirse con el costo de vida del trabajador; y como este produce, por ejemplo, en la mitad de la jornada el equivalente del jornal que necesita y recibe para vivir y reproducirse, el producto de la otra mitad de su jornada queda a beneficio del patrono. He ahí dice Marx, el origen de las ganancias, del incremento del capital; porque ese trabajo, por el cual el productor asalariado no recibe equivalente, crea también valor que el dueño de los medios de producción se apropia sin gasto”.
A medida que la técnica progresa y las máquinas multiplican el pan, sostiene que el salario debe crecer, impulsado por la productividad y la conciencia obrera. El salario por pieza, aunque puede ser un látigo que intensifica la fatiga, también puede convertirse en una herramienta de autonomía si el trabajador está organizado. La meta final de esta lucha no es simplemente un pago más alto, sino un horizonte donde la explotación se desvanezca y el producto íntegro del trabajo pertenezca a quien lo crea, haciendo que el concepto mismo de salario deje de tener sentido.
La irrupción de las nuevas tecnologías, en particular la innovativa Inteligencia Artificial, ponen ante nuevos desafíos a conceptos clásicos como el de trabajo complejo y la noción de composición orgánica del capital, que siguen siendo esenciales para comprender el presente y el devenir del capitalismo.

Por Gustavo Battistoni
(Historiador y escritor firmatense)












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