Cuando el dinero se termina antes de que termine el mes
Un informe de opinión pública revela que el malestar económico dejó de ser percibido como una situación transitoria. El 66 % de los consultados afirma que sus ingresos se agotan antes o hasta el día 20 y el 61,9 % reconoce haberse endeudado durante los últimos seis meses. La política también acusa recibo: cae la imagen presidencial, pero la oposición no logra capitalizar el desgaste.
Hay una manera sencilla de medir el estado de una economía familiar: mirar el calendario.
Cuando una persona recibe sus ingresos a comienzos de mes y llega sin dinero al día 20, el problema deja de ser una discusión sobre índices, porcentajes o variables macroeconómicas. Se convierte en una experiencia cotidiana.
Ese es uno de los principales datos que surge del Monitor de Opinión Pública de julio de 2026, elaborado por Zentrix Consultora, que relevó 1.468 casos en las 24 jurisdicciones del país. El estudio muestra un escenario caracterizado por malestar económico, pérdida de poder adquisitivo, endeudamiento familiar y creciente preocupación social.
Según el relevamiento, el 66 % de los argentinos consultados agota sus ingresos antes o hasta el día 20 del mes, mientras que apenas el 9,3 % llega a fin de mes con capacidad de ahorro. El dato adquiere una dimensión todavía más preocupante cuando se observa por edades. Entre las personas de 18 a 39 años, el porcentaje que ya se encuentra sin ingresos al día 20 alcanza el 85,5 %.
La conclusión resulta difícil de ignorar: para una amplia franja de la población, el ingreso mensual dejó de ser suficiente para atravesar todo el mes.
Esto no significa necesariamente que todos esos hogares se encuentren en una situación de pobreza, pero sí revela una fuerte reducción del margen disponible para afrontar imprevistos, ahorrar, invertir o realizar consumos que no sean estrictamente necesarios. Y allí aparece uno de los principales problemas para la economía real.
El informe muestra que 61,9 % de los encuestados tomó algún tipo de deuda o crédito durante los últimos seis meses. Pero más importante que el porcentaje es conocer el destino de ese endeudamiento.
El 53,7 % señala que se endeudó porque sus ingresos no alcanzaban para cubrir los gastos básicos. Otro 23,1 % atribuye su endeudamiento al aumento de tarifas y servicios.
En cambio, apenas 11,5 % relaciona la deuda con la adquisición de bienes durables. La diferencia es sustancial. Cuando el crédito se utiliza para comprar una vivienda, una herramienta de trabajo, un automóvil o un bien durable, puede formar parte de una estrategia de inversión o crecimiento patrimonial.
Cuando se utiliza para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir gastos corrientes, el crédito adquiere otra naturaleza, “ya no financia proyectos: financia la falta de ingresos”.
Esta transformación puede convertirse en uno de los principales condicionantes de la recuperación del consumo. Una familia que se endeuda para llegar a fin de mes compromete parte de sus ingresos futuros. Y cuando esos ingresos futuros llegan, una porción ya está destinada a pagar deudas anteriores.
Se genera así un círculo complejo: menor poder adquisitivo → endeudamiento → menor ingreso disponible → menor consumo → menor actividad económica.
Entre los jóvenes de 18 a 39 años, el 77 % afirma haberse endeudado en los últimos seis meses, frente al 53,7 % entre los mayores de 60 años. Pero existe un dato todavía más significativo: 35,8 % de los jóvenes endeudados recurrió a prestamistas o financieras informales, mientras que ese porcentaje baja al 7 % entre los mayores de 60 años. Una combinación que es preocupante.
La generación que debería estar construyendo patrimonio, desarrollando emprendimientos, accediendo a una vivienda o consolidando su proyecto familiar aparece como una de las más expuestas al endeudamiento.
El problema, por lo tanto, no es solamente cuánto se debe hoy, también importa cuánto del ingreso futuro ya está comprometido.
El deterioro económico atraviesa las diferencias políticas: según el estudio, incluso entre quienes votaron al oficialismo en las elecciones legislativas de 2025, el 73 % considera que su salario no le está ganando a la inflación.
Entre los votantes opositores, esa percepción asciende al 97,1 %. La diferencia no parece estar tanto en la existencia del problema como en su interpretación.
Para una parte del electorado oficialista, el sacrificio puede ser entendido como el costo necesario de una transición hacia una economía más estable. Para quienes se ubican en la oposición, la misma situación puede ser interpretada como una consecuencia negativa de las políticas implementadas.
La experiencia material puede ser semejante. Lo que cambia es la explicación política.
Otro dato del informe merece especial atención: el 67,1 % de los consultados considera que el dato de inflación publicado por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana.
Más contundente todavía resulta la percepción sobre los salarios: 87,4 % considera que su salario no le está ganando a la inflación, contra apenas 9,8 % que opina lo contrario.
La economía puede medirse mediante índices, pero las decisiones familiares se toman a partir de lo que sucede en el supermercado, en la farmacia, en la factura de servicios, en el alquiler o en la cuota del crédito.
Cuando existe una brecha importante entre el indicador oficial y la percepción cotidiana, la discusión económica deja de ser exclusivamente técnica y pasa a ser también una cuestión de confianza.
El malestar económico también tiene consecuencias políticas: El informe registra para Javier Milei 58,5 % de imagen negativa y 30,9 % de positiva, señalando además una caída de la valoración positiva respecto de enero, cuando alcanzaba el 45 %.
Sin embargo, el dato político más interesante es que ese desgaste no parece traducirse automáticamente en un liderazgo opositor alternativo. Axel Kicillof registra 51,5 % de imagen negativa, mientras que Myriam Bregman es la única de los dirigentes analizados que mantiene saldo positivo, con 43,1 % de imagen positiva frente a 40 % negativa.
El escenario, por lo tanto, no parece ser simplemente el de un Gobierno que pierde apoyo frente a una oposición que avanza. Es más complejo.
Hay desgaste del oficialismo, pero no aparece todavía un liderazgo opositor capaz de apropiarse claramente de ese descontento.
La proyección electoral incluida en el estudio refuerza esa interpretación: Milei concentra un 24 % de personas que aseguran que lo votarían, pero al mismo tiempo un 57 % afirma que jamás lo votaría.
Kicillof alcanza un 26,2 % de disposición positiva, pero registra un 50,7 % de rechazo definitivo.
Bregman, pese a su saldo favorable de imagen, tiene un potencial de voto del 12,3 %.
Estos números muestran un electorado fuertemente condicionado por identidades políticas y rechazos, pero con un espacio considerable para aquellos ciudadanos que todavía no encuentran una alternativa suficientemente atractiva.
Por eso, más que una elección definida anticipadamente entre oficialismo y oposición, el estudio parece mostrar una competencia futura por interpretar y representar al ciudadano que siente que su economía familiar ya no alcanza.
Los resultados tienen una lectura particularmente importante para comerciantes y pequeñas y medianas empresas: El desafío para el comercio y las pymes.
Si una parte significativa de la población llega sin ingresos disponibles antes del día 20, el comportamiento del consumidor cambia.
El consumidor comienza a:
- postergar compras;
- reducir cantidades;
- sustituir productos;
- buscar financiación;
- privilegiar bienes esenciales;
- abandonar consumos considerados prescindibles.
Para el comercio minorista, esto significa que el problema no se limita al nivel general de inflación. El verdadero desafío es la disponibilidad efectiva de dinero en manos del consumidor.
Un consumidor puede tener un salario nominalmente mayor que el año anterior y, sin embargo, consumir menos si una proporción creciente de sus ingresos se destina a servicios, alimentos y pago de deudas.
Por eso, la evolución del consumo dependerá no solamente de la inflación, sino también de la recuperación del ingreso real y, fundamentalmente, de la posibilidad de que las familias vuelvan a disponer de un margen financiero.
Quizás la principal conclusión que puede extraerse del informe sea política y económica al mismo tiempo. Un proceso de ajuste puede ser socialmente tolerado cuando existe una expectativa clara de que el esfuerzo actual conducirá a una situación mejor. El problema aparece cuando esa expectativa comienza a desaparecer.
Si una familia piensa: "Hoy estoy haciendo un esfuerzo, pero mañana voy a estar mejor", el sacrificio puede ser soportable.
Si comienza a pensar: "Hoy estoy peor y no sé cuándo voy a estar mejor", el sacrificio puede transformarse en frustración.
Los datos de ingresos agotados antes del día 20, endeudamiento destinado a cubrir necesidades básicas, percepción de pérdida salarial frente a la inflación y desconfianza sobre los índices oficiales muestran que esa segunda percepción merece ser observada con especial atención.
El desafío de la política económica no consiste únicamente en alcanzar determinados equilibrios macroeconómicos. También consiste en conseguir que esos equilibrios lleguen al bolsillo de las familias. Porque una economía puede mostrar señales de estabilización y, al mismo tiempo, mantener una sociedad que siente que no puede llegar a fin de mes.
Y allí aparece la verdadera prueba de cualquier programa económico: no solamente cuánto mejoran los indicadores, sino cuándo el ciudadano común comienza a sentir que su propia vida mejora.
El Monitor de Opinión Pública de julio deja una advertencia concreta: la economía argentina no parece estar enfrentando solamente un problema de inflación o de ingresos; enfrenta el desafío de recuperar el margen de maniobra de las familias.
Mientras el dinero continúe terminándose antes que el mes, la recuperación económica seguirá siendo, para buena parte de la sociedad, una promesa que todavía no llegó al bolsillo.
FUENTE: ZENTRIX
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