Reforma tributaria: La verdadera transformación pendiente
Cada vez que en Argentina se anuncia una reforma tributaria, el debate se concentra casi exclusivamente en una pregunta: ¿qué impuestos subirán y cuáles bajarán?
Sin embargo, esa discusión, aunque necesaria, suele dejar de lado una cuestión igualmente importante: la forma en que el Estado administra, controla y exige el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
La experiencia demuestra que modificar alícuotas o crear nuevos beneficios no alcanza para mejorar la competitividad del sector productivo. Una verdadera reforma tributaria debe contemplar dos dimensiones inseparables: la presión económica que representan los impuestos y el costo administrativo que implica cumplir con ellos.
Durante décadas, nuestro sistema tributario fue incorporando tributos, regímenes de información, retenciones, percepciones, anticipos y obligaciones formales que, lejos de simplificar la relación entre el contribuyente y el Estado, fueron construyendo una estructura de enorme complejidad.
Las grandes empresas cuentan con departamentos especializados para afrontar esa realidad. Las micro y pequeñas empresas, en cambio, deben destinar una parte cada vez mayor de sus escasos recursos al cumplimiento administrativo de obligaciones que poco tienen que ver con producir, vender o generar empleo.
En muchos casos, el costo del cumplimiento tributario termina siendo tan gravoso como el propio impuesto.
Dice un viejo y conocido refrán que “cuando el beneficio del incumplimiento fiscal supera al de su cumplimiento, el contribuyente, aun a riesgo de ser sancionado, opta por lo primero”.
La superposición de normas nacionales, provinciales y municipales obliga a presentar declaraciones juradas, atender requerimientos, administrar distintos regímenes de retención y percepción, cumplir con múltiples calendarios de vencimientos y adaptarse permanentemente a modificaciones normativas que cambian con una velocidad difícil de seguir.
No se trata solamente de una carga económica. También es una pérdida de tiempo, productividad y competitividad. Paradójicamente, un sistema pensado para mejorar el control termina generando mayores costos para quienes desean cumplir correctamente con sus obligaciones y, en consecuencia, se transforma en una trampa “cazabobos”.
La simplificación administrativa debería convertirse en uno de los principales objetivos de cualquier reforma tributaria moderna. Un procedimiento fiscal claro, estable y previsible beneficia tanto al contribuyente como al propio Estado. Reduce errores, disminuye litigios, favorece el cumplimiento voluntario y permite que la administración tributaria concentre sus esfuerzos en combatir la evasión real, en lugar de sancionar incumplimientos meramente formales.
La transformación tecnológica ofrece hoy herramientas suficientes para avanzar hacia un esquema mucho más inteligente. La información ya está, en gran medida, en poder de los organismos fiscales. El desafío consiste en utilizarla para facilitar el cumplimiento y no para multiplicar las cargas burocráticas.
Naturalmente, ninguna reforma tributaria será sostenible si no se encuentra respaldada por un equilibrio fiscal duradero. La reducción de impuestos requiere un Estado eficiente, con un gasto público compatible con los recursos disponibles y un federalismo fiscal que otorgue previsibilidad tanto a la Nación como a las provincias.
Pero aun alcanzando ese equilibrio, seguirá existiendo una tarea pendiente: reformar profundamente el procedimiento tributario.
Las micro, pequeñas y medianas empresas necesitan un sistema impositivo acorde a su categorización tributaria y que resulte realmente simplificado y con un entorno digital amigable e intuitivo.
Menos formularios. Menos regímenes superpuestos. Menos burocracia. Más seguridad jurídica. Más estabilidad normativa. Más confianza entre el Estado y el contribuyente. La competitividad de una economía no depende únicamente del nivel de los impuestos. También depende del tiempo, del costo y de la complejidad que demanda cumplir con ellos.
Por eso, la verdadera reforma tributaria que Argentina necesita no debería medirse únicamente por la cantidad de impuestos que elimina o modifica, sino por su capacidad para construir un sistema simple, transparente, eficiente y amigable con quienes producen, invierten y generan empleo.
Esa es la reforma pendiente. Y probablemente sea la más importante de todas.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ









Comentarios (0)