Un sueño y una realidad

Un sueño y una realidad
“Argentina esta pasando por un momento económico sin igual. Realmente excelentes las reservas federales, espectacular la recaudación fiscal, una equilibrada balanza en comercio exterior, los bancos rebosantes de dinero otorgan préstamos a largo plazo y a tasas que no superan el 5% anual. Las grandes empresas están concretando muy buenos negocios, tanto en el mercado interno como en el internacional. Fuerte consumo interno, y tanto las economías regionales como las industrias PyMEs trabajando al ciento por ciento de su capacidad. Un turismo receptivo a pleno con un importante consumo promedio. En resumen, la macro economía nacional funciona y funciona muy bien y no se avizoran nubarrones a corto plazo”. Espere, no estoy loco. Estoy narrando un hermoso sueño que tuve. Pero, ¿podría ese sueño convertirse en realidad algún día? Veamos: Nuestro país, según datos del Banco Mundial, cuenta con una superficie continental de 2.780.400 km2 y con una población estimada al año 2025 en 46.387.098 habitantes, es decir, a razón de menos de 16.7 habitante por km2. En esta vastísima extensión contamos con todos los recursos primarios para nuestro desarrollo en todas las actividades. Campos aptos para explotaciones agrícolas y ganaderas, tierras eficaces para forestación, recursos renovables, minería, pesca, cuencas gasíferas y petroleras inexploradas y muy ricas, etc. Es decir, mucha riqueza y pocos pobladores para ser distribuida. Entonces, ¿por qué no podemos ser como países similares al nuestro que nos aventajan una enormidad en el desarrollo? Es cierto, Canadá, Nueva Zelanda y Australia son países de similares características a la Argentina pero nos superan en muchos aspectos. Tienen una economía ordenada, un sistema educativo muy estructurado. Con objetivos a corto, mediano y largo plazo. El problema es que nuestros dirigentes se han preocupado más en la discusión política partidaria que en la construcción de un futuro propicio para todos. Hoy, pese a la crisis, o mejor dicho, merced a la crisis mundial estamos desaprovechando un sinnúmero de oportunidades únicas e irrepetibles. No se puede concebir un desarrollo integral de una Nación si un plan global que contenga a todos los ciudadanos y utilice todo su patrimonio inteligentemente. Tenemos pocos habitantes y muchos recursos. Podemos lograr un desarrollo económico poderoso. Pero para ello es necesario abandonar prácticas financieras y políticas especulativas y poner mayor énfasis en la producción, industrialización y servicios con una explotación racional de nuestros comodities y un serio desarrollo a nuestro potencial tecnológico y energético. El Siglo XXI significa un cambio de paradigmas en lo concerniente al poderío militar, económico y cultural. Sin duda estamos en la era de la Revolución Tecnológica y hacia ese sentido debemos orientar nuestros esfuerzos. Quienes así lo han entendido, hoy son exitosos. Ejemplos de empresas argentinas TIC como Mercado Libre, Globant, Ualá, Movant y Tiendanuve están mostrando el rumbo, (y solo menciono algunas de las más reconocidas). El emprendedor tecnológico está abriendo mercados y trascendiendo fronteras ofreciendo una mercadería que a diferencia de las tangibles, no conocen barreras arancelarias ni económicas. Por el contrario, son de permanente demanda en este mundo global. Pero no por ello, debemos abandonar nuestras tradicionales industrias o explotaciones. Simplemente hay que actualizarlas con la incorporación de nuevas tecnologías para hacer más eficiente y rentable la producción y quienes tienen la responsabilidad de administrar la cosa pública, deben entender que las recetas económicas tradicionales no aplican en este nuevo orden mundial. Como en todo, la resurrección de nuestra economía es posible. Solo depende de nuestra visión PyME y de nuestros dirigentes para enfrentar a estos nuevos desafíos con mentalidad abierta y predisposición para transitar los nuevos rumbos que los tiempos nos imponen. Hace 2025 años murió un líder que nos marcó el camino de una vida distinta y hoy, ese líder, nuestro señor Jesucristo está más vivo que nunca, renaciendo cada año con más fuerza y vigencia. Nos hizo comprender que para crecer hay que salir de la rutina, buscar nuevos rumbos y no temer a lo nuevo. Vaya si tuvo razón. ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ intelicom2020@gmail.com X.COM: @fabianhry